10/3/08

Los caminos del Putumayo ya no llegan a Bogotá

Las bombas racimo con las que se dio muerte a Raúl Reyes, el número dos de las FARC, no sólo estallaron en el campamento guerrillero que se encontraba a 1,800 metros dentro del territorio de Ecuador; simbólicamente, la metralla también llegó a Quito y el eco de su tableteo hizo reaccionar de inmediato a Venezuela, lo que ocasionó una de las peores crisis diplomáticas que ha vivido recientemente Sudamérica.

La primer orden llegó desde el Palacio de Nariño en Bogotá, cuando el presidente colombiano, Álvaro Uribe, autorizó que aviones de fabricación brasileña atacaran el selvático refugio del vocero de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), quien cayó abatido mientras dormía detrás del Río Putumayo en territorio de Ecuador.

De inmediato ese país rompió relaciones con Colombia, al tiempo que el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, alistó 10 batallones para advertir -dijo- que su gobierno no permitirá una acción similar en suelo bolivariano, señalado por cierto desde 2007 como escenario donde se mueven libremente las FARC.

Si bien la incursión de la Fuerza Aérea y el Ejército de Colombia sobre territorio ecuatoriano sobrepasaron todos los límites del derecho internacional, son muchas las explicaciones que también deben dar Rafael Correa, presidente de Ecuador, y el mismo Hugo Chávez, quienes desde hace meses mantienen un estrecho contacto con la guerrilla que dirige el viejo Manuel Marulanda, de 77 años.

Como prueba de lo anterior, Colombia reveló parte del contenido de tres computadoras incautadas al fallecido portavoz guerrillero, donde figuran los nombres de altos funcionarios ecuatorianos y de Venezuela.

“El presidente Uribe me felicitó por las gestiones (humanitarias), obviamente para hacerlo debía reunirme con las FARC, lo hice en enero (de este año) con Raúl Reyes”, reconoció Gustavo Larrea, ministro de Seguridad Interna y Externa de Ecuador.

El encuentro, según Larrea, se realizó fuera de Colombia y de Ecuador, en un tercer país que no quiso identificar pero que fuentes diplomáticas colombianas aseguraron a Cambio podría tratarse de Venezuela, nación que en noviembre de 2007 recibió a un emisario de Marulanda con el que Hugo Chávez concertó la posterior liberación de la ex congresista Consuelo González y la abogada Clara Rojas, secuestradas por las FARC en 2001 y 2002 respectivamente.

La explicación del ministro ecuatoriano no dejó satisfecho al gobierno de Álvaro Uribe, pues los informes de una de las computadoras de Raúl Reyes muestran la disposición de Ecuador para intercambiar información con las FARC.

En la administración de Rafael Correa “desean establecer coordinaciones con nosotros sobre la frontera binacional”, puntualizó Reyes en uno de sus mensajes, de acuerdo con Oscar Naranjo, director de la Policía Nacional colombiana.

"Esto amerita respuestas concretas, ¿Cuál es el estado de relación del gobierno ecuatoriano con un grupo terrorista como las FARC?”, arremetió el jefe policiaco de Colombia.

Pero del otro lado de la frontera para nadie es un secreto que “todos los gobiernos de Ecuador han hecho pactos de no agresión con las FARC para no recibir ataques en nuestro territorio”, explicó desde Quito el periodista ecuatoriano Jorge Imbaquingo.

Un pulso similar se mantiene entre Álvaro Uribe y Hugo Chávez desde el segundo semestre de 2007, cuando el gobierno colombiano desautorizó la mediación del mandatario de Venezuela en el “canje humanitario” de secuestrados ofrecido por las FARC.

Desde entonces, el diferendo diplomático entre Caracas y Bogotá se alimenta con medias verdades y oportunismo político de parte de los dos gobiernos. Mientras Uribe tiene ante sí una severa crisis institucional por el escándalo de la “parapolítica”, en el que congresistas y otros destacados personajes públicos de Colombia han sido encarcelados por su relación con los paramilitares, Chávez anuncia vientos de guerra en la frontera y de paso distrae la atención de los severos problemas de abastecimiento que aquejan a sus ciudadanos.

La muerte de Raúl Reyes no es la excepción, además de los 10 batallones que recibieron la orden de movilizarse hacia los límites con Colombia, el gobernante venezolano compara a su vecino con Israel, país del oriente medio que Chávez considera “otro instrumento del imperialismo”.

Por su parte, Colombia acusa al presidente de Venezuela de haber ofrecido 300 millones de dólares a las FARC a través del desvío de cuotas petroleras, una información aún no comprobada que la Policía colombiana obtuvo de los mensajes que recibía Raúl Reyes, cuyo verdadero nombre era Luis Edgar Debia Silva.

Chávez, “nos ofreció la posibilidad de un negocio en el que nosotros recibamos una cuota de petróleo para comercializarla en el exterior, lo cual nos dejaría una jugosa utilidad”, detalla en una misiva Iván Márquez, el alías de uno de los comandantes que forman parte de la dirigencia de las FARC, de acuerdo con Oscar Naranjo.

Esto “no sólo lleva implícita una cercanía, sino una alianza armada entre las FARC y el gobierno de Venezuela”, acusó el funcionario colombiano antes de lanzar una última estocada a las endebles relaciones bilaterales: la guerrilla busca adquirir uranio para hacer “negocio con un gobierno”. El proveedor, identificado por las FARC como “Belisario”, presuntamente tenía listos para su entrega en Bogotá 50 kilos del material, explicaba un correo que Raúl Reyes recibió el pasado 16 de febrero.

Llama la atención que en esta liza diplomática nadie menciona al ovillo de Ariadna que cotidianamente se enreda en las porosas fronteras que comparten Colombia, Ecuador y Venezuela. La circulación de drogas, armas, secuestrados y divisas se impuso desde hace décadas con el poder de las balas de narcotraficantes, guerrillas o paramilitares, mientras siguen sin escucharse a los empobrecidos pobladores de los límites andinos.

Publicado en la Revista Cambio

8/3/08

Mexicana herida en campamento de las FARC


Lucía Andrea Morett Álvarez pesa 40 kilos y le teme a las arañas, aunque a sus 26 años fue capaz de convivir con el número dos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Raúl Reyes.

La joven mexicana que resultó herida en territorio ecuatoriano durante la incursión de tropas colombianas “no es guerrillera”, sino sólo una estudiante de literatura dramática y teatro “con inquietudes sociales”, aseguró en entrevista su padre, Jorge Morett Sánchez, académico de la Universidad de Chapingo.

“El hecho de que se maneje (en la prensa) como guerrillera nos parece un absurdo y un contrasentido, ella es una estudiante y queremos que se le dé ese trato” comenta con cierto nerviosismo el profesor, minutos después de acudir a la secretaría de Relaciones Exteriores para informarse sobre la situación jurídica de su hija, quien convalece en un hospital de Quito, en Ecuador.

El interés de Lucía por el teatro Latinoamericano fue el que la llevó a Ecuador, donde asistió a un curso para posteriormente realizar una investigación, que de acuerdo con su padre forma parte de su tesis. Sin embargo, el coordinador del Colegio de Literatura de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, Ricardo García, informó que Morett Álvarez ya está titulada, por lo que su presencia en el campamento de las FARC no se relaciona “con ningún trabajo académico” para la máxima casa de estudios.

“Ella iba a un congreso, iba a hacer actividades de turismo y a recabar información sobre su tesis; (…) hasta donde yo sé, porque no es mi campo, ella estudia diversas expresiones de teatro latinoamericano”, comentó Jorge Morett.


Preocupado por las secuelas que podrían dejar las dos heridas de bala que sufrió su hija, el académico dejó en claro que “no hay ningún cargo” en contra de Lucía Andrea por parte de las autoridades ecuatorianas, por el contrario “ellas avalaron la versión” de la mexicana sobre sus actividades de investigación en la zona del campamento de las FARC, enfatizó.


Sin embargo, cuando se le pregunta que el teatro y las artes dramáticas tienen poco que ver con las actividades del grupo guerrillero, Jorge Morett expresa que “lo extraño es que un gobierno se meta a otro país e indiscriminadamente lance bombas, eso me parece criminal”, concluyó.


Publicado en el Diario Milenio

28/2/08

Los retos económicos en la Cuba de Raúl

El traje azul, la camisa blanca y la corbata gris de seda con discretos puntos oscuros no pudieron ser más simbólicos: en una nación donde la alta jerarquía gobernante se mantiene en el poder vistiendo uniforme militar desde hace casi cinco décadas, el traje de Raúl Castro el día que sustituyó a su hermano Fidel en la presidencia del Consejo de Estado y de Ministros de Cuba sólo era un adelanto de lo que el mismo general de 76 años diría minutos después de asumir su nuevo cargo.


Si bien la cúpula que acompaña a Raúl Castro pertenece a la vieja guardia de la nomenklatura revolucionaria, no deja de llamar la atención el reconocimiento del nuevo mandatario cubano sobre la insostenible situación que prevalece en el sistema de servicios subsidiados por el gobierno socialista.

“Cualquier cambio referido a la moneda debe hacerse con un enfoque integral” considerando las gratuidades y los millonarios subsidios “como los de la libreta de abastecimiento, que en las actuales condiciones de nuestra economía resultan irracionales e insostenibles”, dijo Raúl Castro, dejando asomar la posibilidad de que Cuba realice al menos una tímida apertura económica que le permita un respiro a la precaria situación de sus habitantes.

El problema no puede ser más difícil considerando que el régimen socialista no cambiará en el corto plazo a pesar de que la disidencia política y el desencanto de la población se alimentan, entre otros factores, de las disparidades sociales que ha generado la circulación de dos monedas, una convertible en divisas extranjeras y la otra que responde a la vieja planeación quinquenal calcada del sistema soviético.

A finales de la década de los años ochenta, cuando la posesión del dólar aún era un delito para los ciudadanos de Cuba, en los callejones de La Habana el cambio clandestino de divisas se cotizaba entre 22 y 26 pesos por dólar.

En aquel momento la “bolsa negra”, como popularmente le decían a los subterráneos del comercio en la isla, incluía además de dólares toda clase de productos básicos robados del control estatal y vendidos en moneda extranjera o en su equivalente que servían para “resolver” la vida cotidiana de un país donde los sueldos no superaban los 300 pesos cubanos al mes.

Después de veinte años, legalizada ya desde hace más de dos lustros la circulación de moneda extranjera, y con la creación de una segunda divisa, el peso cubano convertible (Cuc), la economía de la mayor de las Antillas mantiene la misma distorsión perversa de los años previos a la caída de la Unión Soviética.

El sueldo promedio de los cubanos sigue siendo de unos 300 pesos mensuales, que equivalen a 12,5 pesos convertibles, con los cuales se pueden adquirir tan sólo 13,5 dólares, según el cambio oficial, cantidad similar a la que se obtenía hace dos décadas en el comercio informal de divisas.

La diferencia actualmente es que la brecha entre el ingreso y los precios de bienes y servicios, que toman en cuenta la paridad cambiaria, es reconocida e impuesta por el régimen socialista, lo que en palabras del cubano común se traduce en el popular “no hay quien aguante” ganar en pesos y tener que comprar en divisas o usando el peso convertible.

Por eso Raúl Castro planteó la posibilidad de realizar algunos cambios en la economía, lo que a la vez podría significar la tabla de salvación para la gerontocracia de la isla que se resiste a dejar el poder.

Si el gobierno raulista decide tomar en cuenta los ejemplos de China o Vietnam, países con economías de mercado pero que mantienen a nivel político el sistema de partido único, la transición en Cuba no será una ruptura violenta, que por cierto a nadie conviene, sino una lenta transformación de las estructuras que ejercen el férreo control represivo sobre los ciudadanos.

Un primer paso podría ser la ampliación de los permisos para trabajar por cuenta propia, que actualmente ascienden a unos 150.000, la posibilidad de vender y comprar bienes inmuebles, y la creación de un verdadero sistema tributario.

Pero sin duda, el gran reto que tiene ante sí Raúl Castro está en la desaparición de la doble moneda, que implica dejar atrás un sistema improductivo que mantiene al borde del colapso a la red de subsidios, mientras la verdadera economía, a la que silenciosamente ya se acostumbraron los cubanos, se cotiza en dólares o en euros conforme a las leyes de la oferta y la demanda, muy lejos de lo que por tantos años ha defendido la Revolución.